Lectura:

Nadie ha subido al cielo sino el que bajó del cielo; es decir, el Hijo del hombre.Y así como Moisés levantó la serpiente en el desierto, así también el Hijo del hombre tiene que ser levantado,para que todo el que cree en él tenga vida eterna.Pues Dios amó tanto al mundo, que dio a su Hijo único, para que todo aquel que cree en él no muera, sino que tenga vida eterna.Porque Dios no envió a su Hijo al mundo para condenar al mundo, sino para salvarlo por medio de él.

Reflexión:

Se nos invita, una vez más, a renovar con valor y con fuerza nuestra fe, es más, a vivir con esta gran esperanza y a dar testimonio de ella al mundo. Pues Dios se ha mostrado verdaderamente, ha amado tanto al mundo que nos ha dado a su hijo Unigénito, para que quien cree en Él no se pierda sino que tenga vida eterna. Y en el supremo acto de amor de la cruz, sumergiéndose en el abismo de la muerte, la ha vencido, ha resucitado y nos ha abierto también a nosotros las puertas de la eternidad.
Señor Jesús, hoy que se celebra la Santa Cruz, quiero agradecerte el que hayas aceptado el anonadarte a Ti mismo para venir a salvarme. Que nunca me acostumbre ante tu sacrificio en la cruz. Concédeme que en esta oración pueda percibir un poco más tu amor, vivo y verdadero, para buscar, con tu gracia, corresponderte.Jesucristo, dame tu gracia para cargar mi cruz con amor y paciencia, contemplándote siempre a Ti, que vas mostrándome el camino que debo seguir.
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